Frías

La ciudad sobre el río Ebro

Sobre el cerro de La Muela y en las inmediaciones del caudaloso río Ebro se alza la ciudad de Frías. Ciudad que alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado de Alfonso VIII, que convierte a la ciudad en un importante centro comercial.
Iniciaremos nuestra visita desde el aparcamiento de la ciudad desde donde se divisa el Puente Medieval. Construido por los romanos sobre las aguas del río Ebro y reconstruido en la Edad Media. El puente de 143 m. de largo y 3,45 m. de ancho constituía una importante vía de comunicación entre la Meseta y la costa Cantábrica. Hacia la mitad del puente nos encontramos con una torre presumiblemente construida en el medievo para el cobro del pontazgo.
Hoy en día es considerado uno de los mejores ejemplos de puente fortificado de España.
Tras el puente, visitaremos el símbolo de la ciudad, el Castillo de Frías. Este fue construido sobre una peña que domina el valle de Tobalina, dándole así, una vista espectacular y un caracter estratégico incrementado en 1201 cuando el rey Alfonso VIII relevará al castillo de Petralata de sus funciones de control del territorio por el de Frías.
Para acceder al castillo lo haremos a través de su puente levadizo sobre un foso excavado en la roca. Ya en su interior nos encontraremos con un patio de armas ligeramente cuadrado desde el que se distribuye las ya, desaparecidas dependencias.
A continuación visitaremos las tres puertas de acceso a la ciudad pertenencientes a la muralla que rodeaba tanto a la ciudad como al Castillo.
Empezamos con la Puerta Medina, la más cercana al Castillo, que iba desde la Calzada romana pasando junto al Convento de San Francisco.
Continúamos, con la entrada principal al centro de la ciudad, es decir la Puerta de la Cadena.
Y por último, la Puerta del Postigo, cercana a la iglesia de San Vicente, la cual era una portezuela bajita y estrecha que servía para hacer salidas nocturnas. Se bajaba por un atrincheramiento abovedado construido sobre ella, ya desaparecido.
Una vez en este punto, concluiremos la visita hablando de la iglesia de San Vicente. De origen románico y con añadidos de diferentes épocas como el barroco, neoclásico o plateresco.
Originariamente poseía una torre de carácter defensivo, posiblemente construida en la Baja Edad Media, de planta cuadrada, ligeramente apiramidada y con un remate cónico que hacía de tejado. El cuerpo inferior apenas tenía vanos y en cada cara se habría una tronera.
A principios del siglo XX la torre original se cae, llevándose la nave lateral izquierda, parte de la central, el pórtico de entrada y un rosetón gótico.
Para pagar la renovación de la iglesia que conocemos hoy en día, se vieron en la obligación de vender la portada románica al Museo de Claustros de Nueva York.

Amelia Fdez. Valledor

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